Regenerar las organizaciones: un modelo de vitalidad y resiliencia en tiempos complejos
En este nuevo encuentro del Club Innova&acción, celebrado en Wayco, volvimos a generar ese espacio que tanto nos define: un lugar para parar, reflexionar y salir con más preguntas que respuestas, pero también con más conciencia y ganas de activar.
De la mano de Natalia Meroño Campillo y Mauricio-Ishwara Gonzalez, exploramos una idea que invita a replantear profundamente cómo entendemos la innovación en las organizaciones:
¿Y si las organizaciones no fueran máquinas que optimizar, sino sistemas vivos que cuidar, escuchar y cultivar?
Este cambio de mirada supone ir más allá de la lógica tradicional centrada en la eficiencia, para abrir paso a una visión donde las relaciones, los contextos y la evolución constante cobran protagonismo. Una invitación a dejar de “gestionar” organizaciones como estructuras rígidas y empezar a acompañarlas como ecosistemas en transformación.
De la eficiencia a la vitalidad: aprender de la naturaleza
A lo largo de la sesión, diferentes metáforas nos ayudaron a aterrizar este nuevo enfoque. Una de las más reveladoras fue la comparación con la agricultura.
Durante la Revolución Verde, el objetivo fue claro: maximizar la producción, optimizar procesos y crecer más rápido. Y, en gran medida, se logró. Sin embargo, ese crecimiento tuvo un coste: el deterioro del suelo y la pérdida de equilibrio del sistema.
Frente a ello, la agroecología propone una mirada distinta: entender que el crecimiento sostenible no surge de exprimir el sistema, sino de cuidar la diversidad, respetar los ritmos y fortalecer las relaciones que lo sostienen.
Y ahí es donde la analogía conecta directamente con las organizaciones. No se trata solo de hacer mejor lo que ya hacemos. Se trata de transformar la forma en la que miramos, nos relacionamos y tomamos decisiones.
Hablamos de evolucionar desde la eficiencia hacia la vitalidad, de estructuras rígidas hacia ecosistemas que aprenden, y de enfoques puramente conceptuales hacia prácticas más participativas y humanas.
Vivir la innovación: comunidad, conexión y nuevas preguntas
Fiel al espíritu del Club, el encuentro no se quedó en la reflexión teórica. Durante la sesión se generaron distintos espacios y dinámicas que permitieron a los participantes conectar, escucharse y construir comunidad.
Porque si algo quedó claro es que la innovación no ocurre solo en procesos o metodologías, sino también —y sobre todo— en la calidad de las relaciones que somos capaces de generar.
Más allá de las ideas, el encuentro nos dejó algo aún más valioso: preguntas que abren nuevas posibilidades:
— ¿Dónde estamos intentando controlar lo que necesita evolucionar?
— ¿Qué estamos dejando fuera que podría dar más vida al sistema?
— ¿Cómo pasamos de hablar de cambio a vivirlo?
Cerramos así una sesión que no solo invita a pensar diferente, sino a sentir, observar y actuar desde otro lugar. Porque quizás innovar no sea tanto hacer más sino cultivar mejor.




