3 julio 2019
Professional Reading Club: la utilidad de lo inútil de Nuccio Ordine
“Y es precisamente tarea de la filosofía el revelar a los hombres la utilidad de lo inútil o, si se quiere, enseñarles a diferenciar entre dos sentidos diferentes de la palabra utilidad”. Pierre Hadot. Ejercicios espirituales y filosofía antigua. La utilidad de lo inútil es el manifiesto, definido así, “manifiesto”, por su propio autor, el […]

“Y es precisamente tarea de la filosofía el revelar a los hombres la utilidad de lo inútil o, si se quiere, enseñarles a diferenciar entre dos sentidos diferentes de la palabra utilidad”. Pierre Hadot. Ejercicios espirituales y filosofía antigua.
La utilidad de lo inútil es el manifiesto, definido así, “manifiesto”, por su propio autor, el calabrés Nuccio Ordine, profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria, autor de diversos libros, filósofo, y uno de los mayores especialistas en el Renacimiento y del pensamiento de Giordano Bruno.
En L’ utilità dell’ inutile (2013), el ensayista italiano defiende el valor de la cultura y del conocimiento que no se traducen en “beneficios económicos inmediatos para lograr que la humanidad sea más humana”, y critica la dificultad que tiene la sociedad actual en poder “cultivar una pasión en nombre de un placer desinteresado y gratuito”.
La obra está dividida en tres partes, subdivida su vez en capítulos. La primera hace referencia a la útil inutilidad de la literatura y otras artes. La segunda trata sobre el impacto de la introducción de la “lógica del beneficio en el campo educativo, la investigación y las actividades culturales” y, en la tercera, el autor habla sobre “la carga de la posesión en la dignitas hominis, el amor y la verdad”.
En la parte final de La utilidad de lo inútil, Nuccio Ordine introduce el ensayo escrito en 1939 uno de los grandes nombres con los que cuenta la gran reforma educativa norteamericana, Abraham Flexner (1866-1959).[/vc_column_text]

Introducción
A lo largo de la introducción, el autor expone de forma explícita y clara los argumentos que defenderá a lo largo de los tres episodios que componen su obra, y que hemos mencionado con anterioridad.
Por darle al lector unas pinceladas sobre el tono beligerante del manifiesto ya desde su introducción, reflejamos aquí algunas de las palabras del italiano en favor de poner en valor hechos, monumentos o cuestiones que no deben ser conservados, explotados o utilizados como meras fuentes de ingresos, y cómo la crisis económica ha puesto la filosofía “del todo vale” al servicio de las gestiones y decisiones que desde Europa se han ido tomando.
En esta introducción, el Ordine pone de ejemplo las ruinas históricas:
“Es cierto que con mucha frecuencia los museos o los yacimientos arqueológicos pueden ser también fuentes de extraordinarios ingresos. Pero su existencia, contrariamente a lo que algunos querrían hacernos creer, no puede subordinarse al éxito económico: la vida de un museo o una excavación arqueológica, como la de un archivo o una biblioteca, es un tesoro que la colectividad debe preservar con celo a toda costa. […] Por este motivo no es cierto que en tiempos de crisis económica todo esté permitido […] No se trata de eludir neciamente la responsabilidad por las cuentas que no cuadran. Pero tampoco es posible ignorar la sistemática destrucción de toda forma de humanidad y solidaridad […]”, momento tras el cual Ordine hace mención a Shylock en El mercader de Venecia.
Para el autor, el caso de querer expulsar a Grecia negándole el rescate, riesgo al que recuerda que estuvimos expuestos los españoles e italianos, no es cruel solo por el hecho de que no salen los cálculos que hacen los políticos sino porque la deuda la contraería Europa echando a un país al que culturalmente se le debe tanto:
“¿Acaso las deudas contraídas con los bancos y las finanzas pueden tener fuerza suficiente para cancelar de un solo plumazo las más importantes deudas que, en el curso de los siglos, hemos contraído con quienes nos han hecho el regalo de un extraordinario patrimonio artístico y literario, musical y filosófico, científico y arquitectónico?”
La crítica del autor reside por tanto en la aparente deshumanización de los que gobiernan el mundo, los cuales parecen no ver el valor incalculable de las costumbres, las lenguas, las culturas, tradiciones… y se centran únicamente en el “comercio y el dinero”.
Rousseau, Charles Baudelaire, Flaubert, Julius Robert Oppenheimer, Sócrates, etc. son algunas de las personalidades que Ordine alude en esta introducción para darle ejemplaridad a su teoría sobre la utilidad de lo inútil, tendencia que parece existir desde los orígenes primigenios del ser humano.
Este párrafo define bien la idea que se defiende a lo largo de todo el ensayo: “El saber constituye por sí mismo un obstáculo contra el delirio de omnipotencia del dinero y el utilitarismo. Todo puede comprarse, es cierto. Desde los parlamentarios hasta los juicios, desde el poder hasta el éxito: todo tiene un precio. Pero no el conocimiento: el precio que debe pagarse por conocer es de una naturaleza muy distinta”.
Primera parte: la útil inutilidad de la literatura
Esta primera parte se divide en 26 capítulos breves a través de los cuales Nuccio Ordine realiza un repaso literario con el fin de encontrar ya ideas que soportan la teoría que defiende y manifiesta de forma explícita en este ensayo.
Recopilamos aquí algunas de las principales lecciones que podemos extraer de algunos de los capítulos que forman La útil inutilidad de la literatura porque dada su brevedad, si os contamos todos, desvelaríamos la esencia del ensayo…
En el primero de ellos, “Quien no ha no es”, introduce una anécdota de Vincenzo Padula quien bien joven quería saber porque la letra A va delante de la E, para lo cual su padre le cuenta una historia sobre quienes mandan y obedecen… De este modo, Ordine traslada a la actualidad la idea de que si bien ya no existe el concepto como tal de amo y sirviente, esta diferenciación de “clases” sigue existiendo porque el “tener” es más relevante que “el ser”.
El capítulo 4, Los pescaditos de oro del coronel Buendía, Ordine se detiene en la obra maestra de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, para explicar que, en este caso “el acto creativo que da vida a lo que denominamos literatura se base precisamente en esta simplicidad, motivada tan sólo por un auténtico gozo y ajena a cualquier aspiración al beneficio”, que es lo que le ocurría a Buendía quien disfrutaba al máximo en su taller fundiendo monedas de oro y convertirlas en pececitos, como se dice, “sin oficio ni beneficio”, frente a una madre preocupada por el futuro de su hijo.
El capítulo 9, Aristóteles: el saber carece de utilidad, se pone en valor la idea de que ya los primeros filósofos encontraban en la misma admiración sobre los fenómenos de la vida la pasión por filosofar… En palabras del profesor calabrés, “en esta libertad de la filosofía, caracterizada por el rechazo a ser esclava de lo útil, se funda la divinitas de los seres humanos”
En el apartado 14, por su parte, denominado Leopardi Fláneur: la lección de lo inútil contra el utilitarismo de un siglo soberbio y estúpido, Ordine recupera el fin con el que en el siglo XIX, Giacomo Leopardi y Antonio Ranieri publican el periódico semanal Lo Spettatore Fiorentino en el que ya en su preámbulo manifiestan la inutilidad del mismo: “Reconocemos con franqueza que nuestro periódico no tendrá ninguna utilidad”, pues, según Ordine, “en un siglo enteramente dedicado a lo útil, cobra fundamental importancia llamar la atención sobre lo inútil”.
En el capítulo 16, Baudelaire: el hombre útil es espantoso, Ordine recopila aquí ciertos fragmentos de la obra del francés Con el corazón en la mano en la que se refleja su “desprecio por el comercio y las formas más triviales de egoísmo”
Llegamos al 19 donde nuestro querido Federico García Lorca también encuentra su utilidad en este ensayo del autor italiano. García Lorca: es imprudente vivir sin la locura de la poesía está presente a través de la relevancia que otorga a las palabras de Pablo Neruda sobre la poesía, y a su idea de “nutrir con la literatura «ese grano de locura que todos llevamos dentro», sin el cual sería en verdad «imprudente vivir»”
Ligando la mención a la locura, en el número 20 encontramos la referencia al personaje más internacional de la literatura española, Don Quijote, quien “podría ser considerado el héroe por excelencia de la inutilidad. Nutrido de novelas de caballerías, decide forzar la realidad corrupta de un tiempo en que «el vicio de la virtud»”, explica Ordine.
Saltando hasta Alemania en el capítulo 22 titulado Heidegger: es difícil comprender lo inútil, Ordine comenta que recuerda la reflexión “desarrollada para explicar algunos pasajes de Ser y tiempo” en la que, en resumen, describe que “Para «el ser humano actual», en efecto, es cada vez más complicado sentir interés por cualquier cosa que no implique un uso práctico e inmediato para «fines técnicos»”.
Segunda parte: universidad-empresa y los estudiantes-clientes
En el primer capítulo de esta segunda parte -de los 17 que la componen-, La retirada del Estado, Nuccio Ordine invita a la reflexión sobre “los efectos catastróficos que la lógica del beneficio ha producido en el mundo de la enseñanza”, mencionando el libro Sin fines de lucro de Martha Nussbaum, una de las filósofas norteamericanas contemporáneas más relevantes, debidos según el autor a dos factores: la retirada de fondos públicos en la enseñanza, y una secundarización en paralelo de las universidades.
El párrafo que extraemos del libro refleja claramente la idea que pone de manifiesto en autor antes de adentrarse en la literatura que respalda su discurso sobre la idea de esta segunda parte de La utilidad de lo inútil:
Casi todos los países europeos parecen orientarse hacia el descenso de los niveles de exigencia para permitir que los estudiantes superen los exámenes con más facilidad, en un intento (ilusorio) de resolver el problema de los que pierden el curso. Para lograr que los estudiantes se gradúen en los plazos establecidos por la ley y para hacer más agradable el aprendizaje no se piden más sacrificios sino, al contrario, se busca atraerlos mediante la perversa reducción progresiva de los programas y la transformación de las clases en un juego interactivo superficial, basado también en la proyección de diapositivas y el suministro de cuestionarios de respuesta múltiple”.
El capítulo 2 lleva de título Los estudiantes-clientes, y en él Ordine habla del ejemplo del sistema educativo superior de Estados Unidos en el cual, los costes son tan altos, que los estudiantes con menos recursos dedican más tiempo a pensar cómo obtener recursos económicos que les permitan acceder una carrera universitaria y a mantenerse durante la misma, que a darle la importancia que tiene lo que durante este periodo realmente aprenderán.
Pero Ordine va incluso más allá, poniendo como ejemplo una de las universidades más prestigiosas del mundo, Harvard, citando al autor textualmente: “En Harvard, según informa Emmanuel Jaffelin en Le Monde del 28 de mayo de 2012, las relaciones entre profesores y estudiantes parecen fundarse sustancialmente en una suerte de clientelismo: «Dado que paga muy cara la matrícula en Harvard, el estudiante no sólo espera de su profesor que sea docto, competente y eficaz: espera que sea sumiso, porque el cliente siempre tiene razón»”.
El capítulo 3, Las universidades-empresas y los profesores-burócratas, Ordine critica la idea de que tanto institutos como universidades se han convertido en empresas. Si bien el autor no critica per se esta transformación, si critica que el papel de los directores y gestores de los centros sea principalmente “producir diplomados y graduados que puedan insertarse en el mundo mercantil”. Es más, el ensayista afirma que “parece que nadie se preocupa, como debería, de la calidad de la investigación y la enseñanza”.
Cabe dejar aquí otro fragmento de este capítulo para comprender en profundidad la idea de qué fin y utilidad debe tener la enseñanza frente a la realidad a la que se enfrentan millones de estudiantes a nivel mundial:
“Las escuelas y las universidades no pueden manejarse como empresas. Contrariamente a lo que pretenden enseñarnos las leyes dominantes del mercado y del comercio, la esencia de la cultura se funda exclusivamente en la gratuidad: la gran tradición de las academias europeas y de antiguas instituciones como el Collège de France (fundado por Francisco I en 1530) —sobre cuya importancia para la historia de Europa ha insistido recientemente Marc Fumaroli en Nápoles, en una apasionada conferencia dictada en la sede del Istituto Italiano per gli Studi Filosofici— nos recuerda que el estudio es en primer lugar adquisición de conocimientos que, sin vínculo utilitarista alguno, nos hacen crecer y nos vuelven más autónomos.[…] Y la experiencia de lo que aparentemente es inútil y la adquisición de un bien no cuantificable de inmediato se revelan inversiones cuyos beneficios verán la luz en la longue durée”.
En su capítulo 4, Ordine escoge a Victor Hugo para reflejar la idea de que, como el propio nombre del capítulo indica, “la crisis no se supera recortando los fondos para la cultura sino duplicándolos” si no queremos que la sociedad caiga en la más pura ignorancia con las nefastas consecuencias que para la humanidad esta puede conllevar… Uno de los fragmentos de Hugo que se recupera en este ensayo es el siguiente: “Han caído ustedes en un error deplorable; han pensado que se ahorrarían dinero, pero lo que se ahorran es gloria”. Cita que aplica a las decisiones que actualmente toman los estados respecto a la educación y que pone de manifiesto el italiano en su ensayo.
Tocqueville, Herzen, Bataille, John Henry Newman, John Locke y Antonio Gramsci son en esta segunda parte los que ayudan a Nuccio Ordine realizar el repaso literario correspondiente para sostener su idea sobre que las universidades se han transformado en empresas y por tanto los estudiantes en clientes, con los riesgos que para el gran valor de la educación y el aprendizaje esto supone para toda la humanidad y su evolución.
Saltamos aquí hasta el capítulo 14, La inesperada utilidad de las ciencias inútiles, en el que Ordine pone en relevancia la necesidad de ciertos trabajos en su momento aparentemente “inútiles” gracias a los cuales se produjeron grandes avances científicos para la humanidad: “Es bien sabido que de trabajos científicos considerados en apariencia inútiles, esto es, no dirigidos a un preciso objetivo práctico, se ha derivado después una inesperada utilidad. Los inventos de Guglielmo Marconi habrían sido impensables sin las investigaciones sobre las ondas electromagnéticas que realizaron James Clerk Maxwell y Heinrich Rudolf Hertz: estudios, conviene hacer hincapié en ello, inspirados tan sólo por la necesidad de satisfacer una curiosidad puramente teórica”.
En el último capítulo de esta parte, ordine llama al esfuerzo de todos por salvar la ciencia y la educación como la fuente para el progreso humanos, y recupera una cita de una biblioteca de manuscritos en un perdido oasis del Sahara que un día leyó: “El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse”. Para el autor italiano, “sólo el saber —poniendo en cuestión los paradigmas dominantes del beneficio— puede ser compartido sin empobrecer. Al contrario, enriqueciendo a quien lo transmite y a quien lo recibe”.
Poseer mata: “dignitas hominis”, amor, verdad
La tercera y penúltima parte de La utilidad de lo inútil, ordine declara su intención de dar voz a los clásicos, para ellos los grandes olvidados en este afán por obtener un lucro incluso de aquello que no debería tenerlo.
Ya en el primer capítulo de los cuatro que componen esta tercera parte, con el título se deja patente la intención del autor. En el breve fragmento titulado La Voz de los clásicos Ordine explica cuáles son los tres temas que han tenido y tienen un peso extraordinario en la vida de los hombres: la “dignitas hominis”, el amor y la verdad, sobre los cuales se construye esta última parte.
En el apartado dedicado a la dignidad del hombre, Ordine pretende dar respuesta a las siguientes preguntas: “¿Acaso la dignitas hominis puede realmente medirse según el criterio de las riquezas poseídas? ¿O bien se funda en valores independientes de cualquier vínculo asociado al beneficio y la ganancia?”.
Con el fin de responder a estas dos cuestiones, el autor recopila, entre otros textos clásicos, “una colección de cartas atribuida a Hipócrates, en la que el célebre médico se ocupa de la supuesta locura de Demócrito”. Algo aplicado a la actualidad que ya en la Antigüedad advertían: “Despedazar la madre tierra» para extraer oro y plata, causar la muerte de seres humanos para acumular riquezas significa comprometer el futuro de la humanidad. Significa destruir toda forma de dignitas hominis. Significa quedar a merced de una peligrosa locura autodestructiva”.
El capítulo 3, Ordine le da el título de Amar para poseer mata el amor, en el cual el autor reclama la idea del amor como la entrega sin el esperar nada a cambio, y cómo esta idea alegre se ensucia cuando se interpreta con la idea de la pertenencia que se convierte en posesión. Una de las frases que cita para ejemplificar esta idea equivocada de lo que es el amor en una pareja, menciona la siguiente frase de según Michel Serres, filósofo e historiador de las ciencias francés: “también en el matrimonio la propiedad equivale a la esclavitud. Se trata todavía de la marca: el buey y el esclavo han sido marcados con el hierro candente, el automóvil con una insignia, y la esposa con el anillo de oro”.
Algo más que otros capítulos se detiene Ordine para reflejar la idea del amor como posesión, para lo cual recogemos aquí sus palabras:
“Así —obsesionados por querer cuantificar a toda costa la resistencia de la fidelidad, la exclusividad del lazo, la pureza de la pasión, el vínculo de la propiedad y el peso de la potestad—, los seres humanos terminan por ceder fácilmente a la locura de poner a prueba al compañero. Para ilustrar este peligro, quisiera detenerme en dos episodios, narrados en dos grandes clásicos: la historia de Rinaldo y el caballero del vaso de oro […], y la breve narración titulada El curioso impertinente, incluida por Cervantes en la primera parte de El Quijote”.
Poseer la verdad mata la verdad es el título que el autor da al último capítulo de la última parte del ensayo.
Aparece aquí una de las figuras más estudiadas por Nuncio Ordine, Giordano Bruno, y de los clásicos de la Grecia de la Antigüedad como la fábula de la concepción de Eros narrada por la sacerdotisa Diotima, en el que se deja patente la descripción de Eros como el ser que, citamos textualmente, “ejerce un papel de mediador, de manera que logra representar simbólicamente la condición del filósofo, siempre suspendida entre la ignorancia y la sabiduría. Situado entre los dioses (que no buscan la sabiduría porque la poseen) y los ignorantes (que no la buscan porque creen poseerla), el verdadero filósofo, amante de la sabiduría, intentará aproximarse hasta ella persiguiéndola durante toda su vida”.
Destaca aquí también la idea que en nombre de la verdad absoluta y extrema se han cometido atrocidades más que perjudiciales para el bien de la humanidad, reclamando aquí el rol de la literatura como “antídoto contra el fanatismo y la intolerancia”.
Y en este análisis literario y clásico del concepto de verdad absoluta, introduce Ordine la religión que tanto dolor también ha causado a lo largo de la historia por la voluntad del hombre de imponer la suya por encima de las demás: “porque creer que se posee la única y sola verdad significa sentirse con el deber de imponerla, también por la fuerza, por el bien de la humanidad. El dogmatismo produce intolerancia en cualquier campo del saber: en el dominio de la ética, de la religión, de la política, de la filosofía y de la ciencia, considerar la propia verdad como la única posible significa negar toda búsqueda de la verdad”.
Apéndice
En el apéndice, Nuccio Ordine completa su ensayo recogiendo otro, en este caso de Abraham Flexner, titulado La utilidad de los conocimientos inútiles.
Si quieres leer un extracto de la introducción de La utilidad de lo inútil de Nuccio Ordine, haz clic en aquí.
[/groups_member][/vc_column_text]