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Pepe Ribera finalizó arquitectura en la UPV en 2006. La crisis del sector de la construcción en España le “obligó” a ganarse la vida durante años dando clases de BIM y realizando consultoría e implantaciones de esta tecnología, en la que se ha especializado. Actualmente, gracias a esta especialización, reside en Estocolmo donde ha vuelto a trabajar como arquitecto en el estudio Arrhov Frick.

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 Puedes describirnos brevemente tu trayectoria profesional…

Cuando acabé mis estudios de arquitectura aún había en España ciertas posibilidades. Además, durante la carrera, había colaborado con mi padre, que era constructor. Así que me decidí a crear mi propio estudio. Era el año 2006 y entre varios compañeros alquilamos un piso de seis habitaciones. Se puede decir que cada habitación era un estudio distinto. Hice algún proyecto, construí alguna vivienda unifamiliar y me presentaba a concursos, pero poco más.

En aquel entonces todo el mundo usaba AutoCAD y yo empecé a trabajar con otra tecnología puntera, llamada BIM, que ha sido la que me ahora me ha abierto las puertas al ámbito internacional y que, durante estos años de crisis en España, me ha dado de comer.

Con la crisis muchos arquitectos decidieron ampliar su formación, así que en este tiempo me he dedicado a dar clases de BIM en academias, en el Colegio de Arquitectos e incluso en la Universidad.También implanté esta tecnología en algún estudio y junto a unos compañeros llegué a crear una empresa con la que realizábamos consultorías, etc.

¿Cómo surge la oportunidad de trabajar en Suecia?

Antes de aterrizar en Suecia estuve colaborando en un proyecto bastante importante en Bélgica (3 meses + 3 meses), del que no puedo decir mucho, puesto que precisaban a un arquitecto especializado en BIM. Y, mi actual empleo, lo conseguí porque uno de mis exalumnos me recomendó. Él vino hace cuatro años a Suecia a buscar trabajo y en el estudio en el que trabaja ahora muchos clientes empezaban a pedirles que entregasen los proyectos en BIM y pensó que me podía interesar. Y aquí estoy.

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¿Qué elementos consideraste a la hora de tomar la decisión de aceptar el trabajo y trasladarte a Suecia?

Me había convertido en un profesor que como extra realizaba, de vez en cuando, algún proyecto de arquitectura. Y además mal pagado. Tenía trabajo, me ganaba la vida, pero no era lo que quería hacer.

Antes de que mi exalumno me contactase ya tenía en mente irme fuera. La experiencia en Bélgica me había abierto, en cierto modo, la mente. Sin embargo, tenía un poco la sensación de que me estaban echando de mi propio país. Y esto unido a la idea de dejar a mi chica, a mi familia y mis amigos en España, me hacía dudar. Pero finalmente me decidí.

¿A qué te dedicas actualmente en el despacho de arquitectura?

Es un despacho pequeño. Somos 12 arquitectos, de los que solo 5 son suecos. Somos un poco Naciones Unidas. Y, la verdad, es que estoy sorprendido con la cantidad de proyectos que nos entran. Yo sobre todo estoy ayudando en la implantación de BIM en el estudio, puesto que muchos clientes lo exigen ya. Y también voy haciendo un poco de arquitectura.

¿Qué diferencias has encontrado a la hora de trabajar en España y en Suecia?

Una diferencia importante es como estructuran el tiempo de trabajo. En España fraccionamos mucho más la jornada: almorzamos, paramos dos horas para comer, nos tomamos un café, comentamos con los compañeros cosas de trabajo o de nuestra vida privada, etc. Aquí, salvo la media hora que paras para comer, algo ligero, el resto de tiempo trabajas y trabajas. Todo el mundo tiene muy claro lo que tiene que hacer, los plazos que hay que cumplir…

Por otro lado, en España un despacho de arquitectura hace de todo: presupuestos, cálculo de estructuras, diseño, etc.  Aquí no, aquí solo hacen arquitectura, para el resto colaboran con otras ingenierías y especialistas.  Eso sí se mantienen muchas reuniones entre los despachos implicados mientras duran los proyectos, para que todo esté bien organizado.

Y, salvo que nos sorprende la cantidad de aislante que ponen a los edificios por eso del frío, los españoles tenemos la formación suficiente como para adaptarnos a su forma de construir, más sostenible y cuidadosa con el medioambiente, por ejemplo.

¿Y a nivel cultural, es fácil integrarse en este país nórdico?

En Suecia todo el mundo habla un inglés impecable, por lo que no saber sueco no es un gran hándicap.

En el trabajo, por ejemplo, todo el mundo es cordial y correcto pero la relación no va más allá. Sí que me está costando hacer amigos de aquí. Sin embargo, no creo que sea algo exclusivo de los suecos. Recuerdo que una amiga de mi chica, que es de Argentina, cuando vivíamos todos en Valencia siempre nos proponía hacer cosas y, al final, casi nunca quedábamos con ella. Y nos caía muy bien. Pero cada uno tiene sus círculos, sus rutinas… y es complicado. Si pudiese volver a atrás, trataría de integrarla más.

Pero bueno, poco a poco, he ido conociendo gente. ¿Cómo? Pues a través de las redes sociales y de las apps que existen para enterarte de las actividades y eventos que hay en la ciudad y apuntándome a todo.

¿Hay oportunidades laborales para españoles en Suecia? ¿Estamos bien valorados allí?

En Suecia hay muchos españoles y, a nivel de arquitectura, que es lo que más conozco, estamos muy bien valorados. La realidad es que nuestra formación es muy buena, creo que es incluso más completa en algunos aspectos.

Debo decir que hace unos años era más fácil encontrar aquí trabajo de arquitecto que ahora. Están empezando a pedir requisitos como saber sueco o tener conocimientos de BIM. Tengo una amiga de Alicante que acaba de encontrar trabajo ahora después de estar viviendo aquí un año. Aún así, hay mucho movimiento. El sector funciona.

Por otro lado, para los suecos es muy importante la confianza. Lo ideal es que alguien te recomiende para un puesto como me sucedió a mí. Y luego,  tu curriculum, tienes que tratar que destaque por algo, como en mi caso por ser experto en BIM.

¿Te gustaría regresar a España?

Me encantaría, pero debo reconocer que aquí tampoco estoy mal aunque no haya visto el sol en cuatro meses y tenga a los míos lejos. Me siento valorado por mi trabajo y confían en mí. Así que de momento no me planteo volver. Además ahora mismo en España, salvo que te contrate un gran despacho o una ingeniería que opte a trabajos en el extranjero, sigue siendo muy difícil trabajar de arquitecto.

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